Retablo mayor de San Martin Pinario (Casas Novoa y Miguel de Romay, 1730-33)

 

 Obra cumbre de la retablística barroca española, fue realizado para sustituir al baldaquino que estaba situado entre la sillería de coro y el crucero, sus planos se deben a Fernando de Casas Novoa (el autor de la fachada del Obradoiro), siendo ejecutado por el entallador Miguel de Romay.

        Ante la imposibilidad de hacer un retablo tradicional, adosado al muro del testero, ya que se haría desaparecer la sillería de coro, Casas plantea un retablo-iconostasio que se situa entre el crucero y el coro delimitando el espacio público de la iglesia y el reservado a los monjes. Ello hace que el retablo tenga dos fachadas, la que se ve desde la nave de la iglesia y la que se contempla desde el coro. Su estructura es claramente piramidal con una serie de cuerpos decrecientes que se alzan hasta casi rozar la bóveda de casetones renacentista que cubre el testero. Columnas salomónicas y estípites sustentan entablamentos quebrados que amplían el espacio, en tanto que grandes volutas en el piso superior parecen envolver el espacio circundante. Realizado en madera dorada y profusamente decorado (cabezas de ángeles, peras, acantos, veneras...), hasta el punto que la estructura se ve anulada por la decoración en no pocos aspectos, tiene un carácter fuertemente escenográfico deslumbrando completamente al espectador que lo contempla desde la penumbra de la entrada. La obra se completa con esculturas (S. Benito, ángeles, Santiago matamoros, S. Martín...) obra de diversos artistas algunos ya en el período rococó como José Gambino.

        Aunque realizado en su mayor parte en maderas nobles (nogal, castaño y algo de pino) llegó al siglo XX en regular estado de conservación: sucio, con grietas, ataques de xilófagos y desprendimiento de la policromía y los dorados en algunas partes. Sin embargo fue magníficamente restaurado en 1990 con motivo de la exposición Galicia no Tempo, recuperando su esplendor original.