Retrato de Carlos V en la batalla de Mülberg, M. del Prado, 1548, Tiziano óleo.

 

        Pintado en Augsburgo, poco después de la batalla en la que Carlos V derrotó a las tropas protestantes, representa al emperador a caballo como paladín del catolicismo. Inspirado en los retratos ecuestres romanos como el de Marco Aurelio (Carlos V, en tanto que emperador de Alemania era el teórico sucesor de los emperadores romanos), se convirtió en un modelo de retrato ecuestre para todas las monarquías. Rubens se inspiró en él para sus retratos de Felipe IV, y más tarde lo harán Velázquez e incluso Goya.

        El emperador Carlos aparece con coraza (un típico recurso veneciano para desarrollar los juegos lumínicos) y banda de capitán general. Lleva una pica (como un San Jorge al enfrentarse con el dragón del paganismo) y monta un caballo en corveta (las manos levantadas) en una pose marcial luego muy imitada. El caballo, situado en una diagonal fondo-primer plano, y la lanza contribuyen a la profundidad de la obra. La luz dorada y el contraste entre la frialdad de la coraza y la calidez del manto que cubre el caballo sin típicamente ticianescos, lo mismo que la "paleta veneciana" y los juegos de luces en el cielo lívido, o la importancia que se otorga al paisaje. Magistral es el retrato del emperador en cuyo rostro asoma una expresión de cansancio como si fuera consciente de la inutilidad de la victoria que, lejos de acabar con el problema protestante, inaugura un siglo de guerras de religión en Europa.